Cada Curso (empleando un grupo seleccionado y bien preparado), se encargó de representar una determinada Estación del Via Crucis, vistiendo apropiados trajes y elementos, mientras el resto del Ciclo (también con vestimenta de la época), desfilaba respetuosamente delante de dichos puestos clásicos.
En los alumnos hubo excelente posicionamiento de los papeles representados, activando esta pedagógica práctica religiosa de la liturgia católica a nivel de los niños, su comprensión y edad.
En cada Estación se proclamaba la lectura correspondiente al pasaje evangélico, seguido de una reflexión concreta y una oración en común.
Luego de la representación de la sepultura de Jesús, el Via Crucis se cerró en la Capilla con una celebración anticipada de la Resurrección, victoria total de Dios, Dueño de la Vida, del Tiempo y de la Historia.
Publicado 14.04.2009 |