REFLEXIONES SOBRE NAVIDAD (NATIVIDAD)
A la luz de nuestra fe, al celebrar el hecho más trascendental de la historia del hombre -es decir la irrupción humanizada de Dios Creador- éste muere aplastado y triturado por una gigantesca cantidad de cajas de regalo, escaparates, bullicio desmedido, comidas, exterioridades ostentosas, materialismo consumista, locura del comprar, angustias por regalar o conductas incorrespondentes.
Cada año es más evidente que para Navidad, el Dios Único y Tota - el totalmente Trascendente y Magnífico, el Creador del Universo, el Señor de la Vida, de la Historia y del Hombre - humillado y aplastado desaparece de escena tapado por miles de dioses falsos (jamás nacidos en humilde Pesebre), que encandilan al ser humano con abismante facilidad. Cintas relucientes, luces centellantes, atractivos envoltorios, regalos no sencillos, papel de envolver con polvo de estrellas, provocativas vitrinas, luces, sonidos, todo un andamiaje privado y público dispuesto a aniquilarlo “indoloramente”, para rebajarlo a una figura decorativa más en nuestro living. Un Dios inofensivo, irrelevante, superado y anticuado, dejado fuera de combate sin que casi a nadie le importe, sin que ni los cristianos lo noten y reclamen…
Si no tenemos claro que el verdadero sentido o que el origen preciso de la Navidad lo estamos perdiendo, mal podremos percibir nuestros errores conductuales y actitudinales. Mal podremos hacer las autocorrecciones a nivel personal, familiar o ambiental. Mal podremos percibir que nuestro cristianismo tiene sesgos muy claros de paganismo sin frenos, transformando maliciosamente Navidad en un mera feria, una forzada instancia o costumbre social, usando a Dios o lo sagrado para otros fines nuestros discutibles, estrechos o desubicados.
¡Seamos fieles al Pesebre de Belén y a lo que ello significa! El mensaje del Padre llegó en un Pesebre, no en cuna de oro, no como llegan los grandes de la tierra en sus visitas y apariciones. En Belén se inició su diálogo con nosotros, allí nació la propuesta salvadora que él traía: Él mismo y sus valores.
Es decir, Navidad trata de recordarnos, de agradecer y alabar a Dios por su Plan, quien hace 2016 años tomó la iniciativa de acercarse a los hombres con cariño, con ternura, no imponiendo terror o temor, no provocando nuestra estampida sino todo lo contrario: es el Padre Supremo que busca y llama a través de su Palabra Encarnada a los pequeños hijos débiles y sufrientes del planeta Tierra.
La Divinidad entra al tiempo y al espacio. El Todopoderoso se hace débil. El Absolutamente Trascendente se hace cercano y tocable, querible y enternecedor. La abrumadora Magestad y Magnificencia sin límites, se hace nacimiento humano en pobreza y sencillez, debilidad, dependencia, inseguridad, limitación, pañales, olores, llanto, hambre, frío de invierno, pesebrera, paja de trigo, mansos animales, toscos pastores. Es como para caer de rodillas al pie del Pesebre y decirle: Cuenta conmigo, Señor, acepto seguir tu Código, tu Evangelio.
Para todo cristiano que toma en serio su fe, el nacimiento de Dios, pobre y humilde, debe ser sencillez, silencio, homenaje, conversión interior y exterior, contemplación, paz, armonía, los mejores sentimientos y recapacitaciones hacia lo Bello, lo Bueno, lo Justo.
Para una familia cristiana lo más importante es el Pesebre y su implicancia. De ninguna manera los adornos que lo rodeen, los regalos, o el lujo, las cosas materiales, el dinero, el poder, el orgullo, la prepotencia, el menosprecio, la vanidad, el egoísmo y ventaja personal, el consumismo desenfrenado.
¿O acaso las cosas están al revés caminando pies arriba y sin norte… precisamente por lo mismo?
Prof. Esteban Polic´
Dpto. Comunicaciones
Diciembre 2010 |